jueves, 18 de diciembre de 2014

Vestuario de ‘Downton Abbey’ suelta el corsé



El vestuario de los protagonistas de Downton Abbey sufre una evolución durante las cinco temporadas que se han emitido de la serie británica. Los rígidos aristócratas y sirvientes que conviven en Yorkshire pasan de un guardarropa muy encorsetado a otro “menos rígido”, ha dicho María Ortega Cornejo.

La portavoz de la afamada Sastrería Cornejo compartió mesa y palabra con la diseñadora de vestuario escénico Diana Fernández. Juntas repasaron las peculiaridades de la moda de principios del siglo XX, época en la que se ambienta Downton Abbey, una serie galardonada con nueve premios Emmy, dos Bafta, un Globo de Oro y un Ondas.

Los grandes acontecimientos históricos del siglo XX, en especial la Gran Guerra, propiciaron cambios en el guardarropa de la sociedad inglesa, que al igual que en otros países “comenzó a adquirir prendas más prácticas”, como el vestido camisa, explicó Ortega Cornejo, cuya empresa ha alquilado a la serie más de 100 diseños entre trajes, abrigos, calzado y complementos.

Los cambios estéticos de los habitantes de la magnífica mansión situada en el área de Yorkshire, donde cada cual tiene asignado un papel indiscutible, pueden verse en temporadas como la quinta, que brinda al espectador un momento único, el corte de pelo de Lady Mary (Michelle Dockery), “un acto de atrevimiento”, ha dicho Diana Fernández.

La serie lleva al vestuario su sello de rigor histórico y es un vehículo más para expresar la rectitud con la que se organizaba la pirámide social de principios del siglo XX, una época que acogió varias modas a la vez y que sufrió, desde 1900 a 1920, cambios como la liberación del opresivo corsé, poco funcional para las mujeres que, durante la Gran Guerra, comenzaron a trabajar.

Las enaguas, los pololos, los tocados y los camafeos dieron lugar, sobre todo en la clase social obrera, a un calzado cómodo y a vestidos acabados con un patrón sencillo de telas ligeras. Lo más valioso del vestuario de Downton Abbey es que se mimetiza “perfectamente” en el suntuoso escenario, rodeados de unos sirvientes “igual o más” conservadores, dicen las expertas, pero igual de permeables a las pasiones humanas.


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